Enfrentemos primero a la muerte. Traicionar a la hinchada jamás - Por Pato Wolff

— Mari, Mari, kumelekaymi. Hola camarada de La U.
— Hola, ¿cómo está?. ¿Con quién tengo el gusto?
— Con [.....] aunque prefiero que mi nombre no aparezca en la historia que quiero contar.
— Ya veo. De todos modos, déjeme decirle que la línea de la página, no es esa. Me refiero a que tengo una serie de historias listas. Además, suelo ser yo quien contacta a las personas para que me relaten algunos acontecimientos.
— Soy un hincha viejo de la barra estudiantil. Año 60' específicamente. Más bien soy un ex hincha; ya no disfruto tanto del fútbol chileno como en mis apogeos; años 70', 80'. Te quiero contar la historia de la pelea en la final de 1981 contra los yanaconas, (no tengo otro apodo para estos).
— ¿Usted estuvo ahí?
— Claro que estuve ahí. Con dos camaradas del MIR: El Rorro Aguilera Suazo (como le decían), y el Carlos Romero Bruna. Dos camaradas y amigos que fueron asesinados por milicos y pacos hace ya algunas décadas...
— Bueno de ser así, Don [.....], lo leo atentamente.
— Mis dos camaradas eran parte de la barra del Manuel (Nelson Oyarzun). Una vieja facción que antiguamente se llamaba "Leonel Sanchez". Era una división de otra barra.
En el año 1977, aproximadamente, se formó la "Barra Universitaria", para que la "Barra Oficial" (Imperio Azul, no se llamaba Imperio Azul aún, se llamaban la "Barra Oficial" simplemente) quedara con ese nombre.
La barra "Nelson Oyarzun", era dirigida por Manual Ramírez, claro que en ese entonces éramos muy cautelosos como para dar un dato tan importante.
— Me imagino. Eran tiempos difíciles. Si le soy sincero, poco y nada se sobre la barra "Nelson Oyarzun".
— En esos tiempos había muchos activistas de extrema izquierda, por todas partes en la barra de La U, los cuales, al no encontrar cabida en el "Imperio Azul", cantaban con "Mis Dos Amores" o "Nelson Oyarzun".
— Entiendo. No era fácil ser de La U en esa época, sobre todo con aquella convicción política. ¿Y como fue que comenzó tremenda batalla?
— Todo ocurrió minutos antes que comenzara el segundo tiempo, recuerdo. El estadio completo vio como un yanacona cruzó toda la pista atlética, hacia el sector donde estaba apostada la barra "Nelson Oyarzun". Este personaje, actuando sin premeditación y solo, logra robar una bandera, para emprender una huida frenética (lo que hasta el día de hoy saben hacer muy bien).
— Es el único argumento que tienen para "pelear".
— El detonante fue cuando los pacos intentaron cerrar nuestra persecución hacia este hueón. El Carlos y el Rorro, con una fuerza que no me explico, botan a puro cuerpo como a 5 o 6 pacos (en esos tiempos usaban camisa).
Pasado los segundos, se fueron sumando más camaradas desde atrás. La situación se estaba transformando en una batahola.
Mi participación fue una sola pero certera. Lo recuerdo bien.
Un cobarde lumazo por la espalda deja nockout al Rorro, mientras estaba peleando al frente contra el Guatón Jano y sus secuaces.
Yo estaba atrás, luchando con los pacos; al ver que cae, no me importó la patada en los cocos (creo que fue producto de la adrenalina). Me dirigí solo al paco (aún llevo esta marca) Le azoté tan fuerte mi cabeza contra la suya que cayó tendido al suelo.
Luego recuerdo que al Rorro lo llevamos desde el recortan hacia nuestro sector, y vomitando profusamente me dijo:
— ¿Qué te pasó en la cabeza?
— ¿Por qué? —Le pregunté—.
— ¡Estás empapado en sangre!
Y era que no, si hubiera dado mi vida por defender lo de nosotros y contra esos bastardos perros del fascismo.
Al final supe que recuperamos lo que el yanacona había robado, y con intereses.
Una bandera que decia: "Filial Juvenil Cienfuegos", y otras más, pero creo que para ellos, la primera era más que un estandarte, porque años más tarde, el Chirola recupero esas banderas junto con otras, en un decomiso en conjunto con los pacos en el Estadio Nacional.
— Siempre de la mano de los pacos los indios...
— Cuando estaba por terminar el partido, un grueso de la barra estudiantil de colo colo vino por el segundo round. Nos extrañó, porque era común que vinieran de a uno (sapos) y rodearan a un grupo, para encerrarlos. Esta vez venían al frente.
Así fue como perdieron otra bandera, el Guatón Jano y un tal Snoopy, creo que lo llamaban, corrieron por sus vidas. No me acuerdo cuanto les pegamos, pero jamás volvieron a venir. Y si venían, lo hacían siempre por la espalda, a la encerrona, rodeando a algunos grupos de hinchas de La U, para emboscarlos, así se iban.
— Zorras, yanaconas, y cobardes como dice la canción.
— En fin, esa noche fue, como se dice: "Un día especial". Les pegamos por partida doble y encima les gritábamos revoleando sus banderas en lo alto:
Salta en el tablón, salta en el tablón, salta en el tablón. La liguilla es del León...♪
— Qué notable... Estoy como un niño de cinco años Don [.....], escuchando un cuento antes de dormir. Me siento muy contento.
— Recuerdo que luego de la pelea, nos metieron al túnel. El estandarte estaba escondido, entraron hasta fuerzas armadas a requisarnos, pensé lo peor...
En aquella oportunidad se jugaron tres clásicos en diez días. Fue espectacular. No había pasado antes, creo. Y no volvió a pasar después.
El Rorro... El Rorro fue un gran amigo. Desde que nos conocimos en primero de preparatoria, de muy niños, teníamos las ideas claras; los dos éramos azules hasta la médula, como quien dice. Compañero de mil batallas, junto a muchos más que se me quedan en el tintero.
En cierta medida, los dos morimos defendiendo a La U de la dictadura, es imposible dejar ajena a La U de lo relevante a lo social, el país y su política. Por lo que en lo posible, me gustaría que el título de esta historia llevara parte de la estrofa de una gran canción de los 90':
"Enfrentemos primero a la muerte. Traicionar a la hinchada jamás".
— Usted se debe imaginar que soy una persona que ha escuchado y leído muchas historias. Déjeme decirle que la que usted me acaba de relatar, es de las mejores que he escuchado en mi vida.
— Mira camarada. —Me envía una foto—.
— Esta imagen me la envío un peñi, es de una buena época que viví en la barra, finales de los 80' me parece. Es tuya ahora.
— No lo puedo creer... Muchas gracias.
— Yo ya soy un viejo. Vivo en una pequeña comunidad acá en Temucuicui, espero conocerlo, se nota el trabajo y dedicación hacía la página.
Los relatos me hacen rememorar como un hincha más, de aquellos, en esos tiempos en que iba al estadio...
— No sé qué decir. Estoy profundamente agradecido.
— Los nombres y los hechos son reales. Gracias a ti camarada, por leerme.
¡MARICHI WEW CAMARADA! Así nos despedíamos siempre con el Rorro. Gracias...
Hoy publico este cuento, corto, duro, y bello, el cual sea, probablemente, de los mejores que pasarán, por este espacio dedicado al hincha azul.
Curiosamente, no soy yo quien lo cuenta. Por lo que se vuelve doblemente significativo para mí, y no encuentro si no letras de agradecimiento a quien fuese el responsable de contármelo.
Ojalá las antiguas, la mía y también las nuevas generaciones, sepan de historias como estas. En donde ser de La U, tenía un sentido más que solo deportivo, conllevaba una responsabilidad social, la cual muchas veces, costó la vida de camaradas inocentes.
En honor a todos ellos, y en especial para Rorro Aguilera Suazo, va este humilde homenaje.
¡MARICHI WEW!, POR LOS CAÍDOS.
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